ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LA DETECCIÓN DE INCENDIOS

Mié, 20/01/2010

Desde el primer gran incendio de Roma en el año 64 d.c hasta los incidentes actuales que son notificados a diario en los medios de comunicación, la humanidad ha sufrido innumerables incendios, cuya consecuencia, a parte de los cuantiosos daños personales y materiales, ha sido generar métodos y tecnología para evitarlos, detectarlos y combatirlos.

Un hito significativo de la detección es el gran incendio de Londres en el año 1666, en el que la ciudad adoptó un ‘código completo de regulaciones sobre edificios’, mediante el cual se intentó prevenir las posibles causas que causaron la catástrofe. Fue a partir de ese momento, cuando surgieron los primeros detectores contra incendios; estos fueron utilizando los avances tecnológicos del momento para evolucionar y convertirse en los elementos que conocemos actualmente.

Debido a las limitaciones tecnológicas de la época, los primeros detectores fueron térmicos. En 1725, Pieter Von Musschenbroek elaboró el primer detector de temperatura fija, este estaba basado en un pirómetro y activaba la alarma de forma mecánica. Años más tarde, en 1863, Alexander Ross construía el primer detector térmico eléctrico de Estados Unidos, este consistía en un fusible que se fundía a una temperatura determinada para dar la alarma de fuego.

No fue hasta el periodo 1940-1950 que se comercializaron los primeros detectores de humo, esto supuso un gran avance en la detección de incendios, ya que el foco del incendio se podía detectar con mucha más antelación que con la tecnología térmica. Estos primeros detectores estaban basados en una fuente radiactiva, normalmente americio-241, situada entre dos placas metálicas polarizadas. Cuando las partículas alfa emitidas por la fuente chocan contra las partículas de aire, estas se ionizan y son atraídas por las placas metálicas, generando una corriente eléctrica medible. Si existen partículas de humo entre las placas, se produce una disminución de la corriente, que tras sobrepasar un cierto umbral se interpreta como una alarma.

Las alarmas generadas por los antiguos detectores térmicos e iónicos, eran gestionadas por los primeros equipos de señalización y control para la detección de incendios. Estos estaban basados en contactos e interruptores, y tenían una funcionalidad muy rudimentaria en comparación con las centrales actuales.

Durante los años 1960-1970 surgen los primeros detectores de humo ópticos. Estos se basan en el efecto descubierto por John Tyndall en 1869, que explica el fenómeno de la dispersión de la luz al atravesar un medio que contiene partículas en suspensión (como es el caso del humo). El desfase entre el descubrimiento del efecto Tyndall y la aparición de los primeros detectores de humo ópticos, fue ocasionado por las barreras tecnológicas de la época. También aparecen en este periodo detectores de llama basados en la radiación ultravioleta.

A partir de 1970, los sistemas de detección de incendio se nutren de los avances tecnológicos del sector de la microelectrónica para mejorar su funcionalidad y fiabilidad, especialmente después del año 1980 con la aparición de los primeros microcontroladores. Estos elementos son una parte indispensable y fundamental de los sistemas de detección de incendio más avanzados, ya que los microcontroladores tienen la capacidad de implementar funciones de control que mejoran notablemente la respuesta de los sistemas de incendio, como algoritmos de control de suciedad en detectores ópticos de humo, filtros para mejorar la respuesta de los detectores y reducir en definitiva la probabilidad de tener falsas alarmas.

Desde 1980, la evolución de los sistemas de incendio ha estado ligada a los avances en los microcontroladores. Actualmente, gracias a las nuevas capacidades de estos elementos, se pueden diseñar sistemas de detección contra incendio más pequeños, fiables y con mucha más funcionalidad que sus predecesores.

En el periodo actual, las comunicaciones han experimentado un auge espectacular y se han popularizado gracias a Internet y la telefonía móvil; todo el mundo ha oído hablar, entre otros de términos, como: TCP/IP, HTTP, etc. Este tipo de tecnología se está convirtiendo en un elemento indispensable en los sistemas de incendio, ya que además de proporcionar formas de interacción avanzadas con el sistema que facilitan su monitorización y mantenimiento, aportan una plataforma estándar para la integración del sistema con software de gestión integral de instalaciones.

Paralelamente a la tecnología, la normativa relacionada con los sistemas de detección de incendio, desde su primer esbozo en Londres en 1666, se ha hecho cada día más exigente. Se ha llegado al punto que hoy en día, todos los productos de detección de incendios deben ser diseñados y fabricados en base a la normativa existente (EN54 en la comunicad europea), y además deben estar certificados en un centro acreditado para tal fin; la consecuencia es la obtención de un registro (CPD), que es necesario para que las instalaciones contra incendios cumplan con la legislación vigente.

En la actualidad, todas las características expuestas deben estar presentes en los sistemas de detección de incendio, cosa que ha conseguido CIRCONTROL con la gama CIRFIRE; los productos de está gama cumplen con todos los requerimientos técnico-legales del momento, ofreciendo una protección fiable tanto en edificios como empresas, que tanto se ha ansiado desde los tiempos de nuestros ancestros.

Certificación CPD de un detector térmico de la gama CIRFIRE de CIRCONTROL